Opinión

Cuándo (no) aciertan las encuestas

22/12/2025
Share

Casi todas las encuestas en la primera vuelta presidencial de 2025 sobrestimaron la votación de Jara y subestimaron la de Parisi. Ello trajo consigo críticas duras a las encuestas, especialmente desde la candidatura subestimada. En la segunda vuelta, ese mismo conjunto de encuestas fue capaz de anticipar con bastante precisión el resultado final. ¿Qué cambió en tan poco tiempo?

Las encuestas no cambiaron. El escenario electoral cambió.

Las encuestas que dominan el debate público —mayoritariamente web y telefónicas— captan sobre todo a personas más politizadas, interesadas en la campaña y con preferencias estables, similares al electorado del voto voluntario. Eso genera una imagen de electorado “ordenado”, con pocos indecisos y preferencias relativamente fijas. Es decir, describen la punta del iceberg del electorado.

La parte sumergida del iceberg —menos visible para las encuestas más comentadas— corresponde a un grupo relevante de votantes menos involucrados, con baja identificación partidaria, alejados de la política y decisiones tardías. Ese grupo, hoy obligado a votar, enfrenta una primera vuelta con muchas candidaturas, pocas señales claras y escasos atajos informativos.

En ese contexto, existe además una opción que conecta especialmente con ese electorado distante del sistema, de tono anti-élite. Por eso, su decisión de última hora no es aleatoria: tiende a concentrarse en esa candidatura. Ese movimiento tardío ocurre fuera del radar de las encuestas y explica por qué la punta del iceberg no se parece al todo en la primera vuelta y las encuestas fallan en su predicción.

En la segunda vuelta ocurre algo distinto. Desaparece la opción que canalizaba de manera tan directa el voto tardío. Con solo dos alternativas en la papeleta, todos deben traducir sus diferencias en una decisión binaria. Las distancias sociales siguen existiendo, pero ya no se traducen de manera sistemática en apoyo a una candidatura específica, lo que permite que las encuestas anticipen mejor el resultado.

En otras palabras, no cambia la gente, no cambian las encuestas; cambia el mapa que convierte diferencias sociales en votos y, con ello, la capacidad predictiva de las encuestas.

Mientras la inscripción y el voto sean obligatorios y la identificación partidaria sea débil, es probable que las encuestas enfrenten mayores dificultades para anticipar los resultados en primera vuelta, aunque no necesariamente en la segunda. En primeras vueltas con muchas alternativas, el tramo sumergido del iceberg puede moverse tarde y por una vía propia; en segundas vueltas, esa vía se cierra y la decisión electoral tiende a ordenarse. Por eso, el llamado es a leer con mayor cautela lo que una encuesta puede —y no puede— anticipar en una primera vuelta en el contexto actual.

Publicada en La Segunda.